/ viernes 26 de octubre de 2018

CARREREANDO LA CHULETA

HAY QUE INCLUIR LA MATERIA DE CONDONES I, II Y III

He de reconocer que yo era de los que creía que los embarazos en adolescentes en su gran mayoría eran no consensuados, completamente desinformados, pero resulta que no, que de acuerdo con un estudio que se realizó entre más de 200 niñas menores de 16 años (no especifica más datos en cuanto a estado, nivel socioeconómico, pero tomémoslo así), más de la mitad tuvo relaciones sexuales por curiosidad y deseo, es decir, no fueron obligadas, no sufrieron violencia, fue por deseo y convicción propia, o como dicen en mi rancho, sabían a lo que iban.

En nuestro país las mujeres adolescentes inician la actividad sexual entre los 15 y 16 años de edad, no les voy a decir mis intimidades pero en mis tiempos era cuando estábamos ya más grandecitos. Resulta que las chamacas (ahorita hablamos de los chamacos) estaban conscientes, conocían los métodos anticonceptivos, pero se los pasaron por el arco del triunfo.

Siguiendo con los terroríficos números, al menos el 40 por ciento de los embarazos en adolescentes de estrato socioeconómico bajo son deseados, y entre más bajo sea, más se embarazan porque es el único proyecto de vida que tienen. Cada quien es libre de decidir lo que quiere, y si el proyecto de vida de una mujer es ese, es respetable, el punto es que las ponen a decidir entre ser madres y ser madres.

Los jóvenes no usan métodos anticonceptivos, principalmente condones, por miedo, por desconocimiento, por pena, y la única forma de ir eliminando esas barreras son haciéndolos más amigables, más conocidos, que constantemente se les explique a los mocosos y mocosas el cómo, el por qué, para que dejen de verlos como lo extraño, lo prohibido, lo innecesario, porque para acabarla los pocos que pretenden usarlos, ni saben bien cómo y acaban haciéndolo mal.

Es en serio, si hubiera una materia ya no diga de condones, pero de sexualidad, así, como tal, con examen y todo, que contara para el promedio, en donde los chamacos supieran perfectamente qué sucede, a qué se exponen, en donde los varoncitos comiencen a hacerse responsables, que entiendan que son los principales actores, nomás porque podrían embarazar a más de una mujer cada día, una mujer en cambio sólo puede estar embarazada una vez al año, meses más, meses menos.

Que les expliquen a las chamacas que eso de que los mocosos (bab…os) les digan que “no se siente igual”, que ellos saben “controlarse”, que son “alérgicos”, no son más que signos de una total irresponsabilidad, no es nada tierno ni lindo, por el contrario, es una enorme prueba de inmadurez y de falta de “amor”, porque pone a su pareja en un inminente riesgo, además del que se pone él mismo. Usar y exigir el uso de un preservativo es demostrar amor propio y al otro, así de simple.

Y les decía de la materia porque en serio el tema da para mucho, en términos biológicos, sociológicos, emocionales, pero lo tomamos a la ligera y luego nos escandalizamos con las cifras de embarazos adolescentes. Sale la hija, la sobrina, la vecina panzona y nos morimos de vergüenza (y pa’ acabarla si es el hijo, el sobrino o el vecino a lo mejor ni nos enteramos porque sigue tan campante), cuando la mayor pena debería ser que como sociedad no hemos sabido darles respuestas, caminos más seguros, más conocidos, pero es más cómodo escandalizarse y ya.

Hay cada ocurrencia, cada pretexto, cada absurdo, desde el “ay pero si está muy sano (a)”, cosa que nadie puede asegurar al menos que justo antes de tener una relación le hagan un exhaustivo análisis de todo y le den los resultados al instante, y aún así, puede que vaya al baño en el intermedio y se contagie de algo y ahí ya perdieron todos.

Otra muy linda es aquella de que sólo ha habido uno (a) antes, nomás que no puedes saber si esa uno (o) estaba sana, dicen por ahí que si alguien está vivo, siempre estará expuesto a una enfermedad de transmisión sexual, y al menos que seas necrófilo, todas las parejas cumplen con esa condición.

En pleno siglo XXI sigue existiendo “la prueba del amor o de la confianza” (¡hágame el favor!) y todo sea por demostrarlo, tienen sexo sin protección alguna; son miles las pruebas que terminan en embarazos y en el fin del “amor y la confianza”.

Los chamacos traen las hormonas súper alborotadas pero no son tontos y si en las escuelas se tomaran la molestia de explicarles con peras y manzanas, hasta que entendieran, tal vez otra sería la situación.

Por cierto y ya entrados en confianza ¿usted sí usa condón verdad?

HAY QUE INCLUIR LA MATERIA DE CONDONES I, II Y III

He de reconocer que yo era de los que creía que los embarazos en adolescentes en su gran mayoría eran no consensuados, completamente desinformados, pero resulta que no, que de acuerdo con un estudio que se realizó entre más de 200 niñas menores de 16 años (no especifica más datos en cuanto a estado, nivel socioeconómico, pero tomémoslo así), más de la mitad tuvo relaciones sexuales por curiosidad y deseo, es decir, no fueron obligadas, no sufrieron violencia, fue por deseo y convicción propia, o como dicen en mi rancho, sabían a lo que iban.

En nuestro país las mujeres adolescentes inician la actividad sexual entre los 15 y 16 años de edad, no les voy a decir mis intimidades pero en mis tiempos era cuando estábamos ya más grandecitos. Resulta que las chamacas (ahorita hablamos de los chamacos) estaban conscientes, conocían los métodos anticonceptivos, pero se los pasaron por el arco del triunfo.

Siguiendo con los terroríficos números, al menos el 40 por ciento de los embarazos en adolescentes de estrato socioeconómico bajo son deseados, y entre más bajo sea, más se embarazan porque es el único proyecto de vida que tienen. Cada quien es libre de decidir lo que quiere, y si el proyecto de vida de una mujer es ese, es respetable, el punto es que las ponen a decidir entre ser madres y ser madres.

Los jóvenes no usan métodos anticonceptivos, principalmente condones, por miedo, por desconocimiento, por pena, y la única forma de ir eliminando esas barreras son haciéndolos más amigables, más conocidos, que constantemente se les explique a los mocosos y mocosas el cómo, el por qué, para que dejen de verlos como lo extraño, lo prohibido, lo innecesario, porque para acabarla los pocos que pretenden usarlos, ni saben bien cómo y acaban haciéndolo mal.

Es en serio, si hubiera una materia ya no diga de condones, pero de sexualidad, así, como tal, con examen y todo, que contara para el promedio, en donde los chamacos supieran perfectamente qué sucede, a qué se exponen, en donde los varoncitos comiencen a hacerse responsables, que entiendan que son los principales actores, nomás porque podrían embarazar a más de una mujer cada día, una mujer en cambio sólo puede estar embarazada una vez al año, meses más, meses menos.

Que les expliquen a las chamacas que eso de que los mocosos (bab…os) les digan que “no se siente igual”, que ellos saben “controlarse”, que son “alérgicos”, no son más que signos de una total irresponsabilidad, no es nada tierno ni lindo, por el contrario, es una enorme prueba de inmadurez y de falta de “amor”, porque pone a su pareja en un inminente riesgo, además del que se pone él mismo. Usar y exigir el uso de un preservativo es demostrar amor propio y al otro, así de simple.

Y les decía de la materia porque en serio el tema da para mucho, en términos biológicos, sociológicos, emocionales, pero lo tomamos a la ligera y luego nos escandalizamos con las cifras de embarazos adolescentes. Sale la hija, la sobrina, la vecina panzona y nos morimos de vergüenza (y pa’ acabarla si es el hijo, el sobrino o el vecino a lo mejor ni nos enteramos porque sigue tan campante), cuando la mayor pena debería ser que como sociedad no hemos sabido darles respuestas, caminos más seguros, más conocidos, pero es más cómodo escandalizarse y ya.

Hay cada ocurrencia, cada pretexto, cada absurdo, desde el “ay pero si está muy sano (a)”, cosa que nadie puede asegurar al menos que justo antes de tener una relación le hagan un exhaustivo análisis de todo y le den los resultados al instante, y aún así, puede que vaya al baño en el intermedio y se contagie de algo y ahí ya perdieron todos.

Otra muy linda es aquella de que sólo ha habido uno (a) antes, nomás que no puedes saber si esa uno (o) estaba sana, dicen por ahí que si alguien está vivo, siempre estará expuesto a una enfermedad de transmisión sexual, y al menos que seas necrófilo, todas las parejas cumplen con esa condición.

En pleno siglo XXI sigue existiendo “la prueba del amor o de la confianza” (¡hágame el favor!) y todo sea por demostrarlo, tienen sexo sin protección alguna; son miles las pruebas que terminan en embarazos y en el fin del “amor y la confianza”.

Los chamacos traen las hormonas súper alborotadas pero no son tontos y si en las escuelas se tomaran la molestia de explicarles con peras y manzanas, hasta que entendieran, tal vez otra sería la situación.

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