/ domingo 3 de marzo de 2019

El cambio que viene

Según afirma la comunidad científica, el Computador Cuántico (CC) está a la vuelta de la esquina. Si el lóbulo frontal en el cerebro humano es el súmmum de la evolución, esta máquina se convertirá en la cima de la capacidad del hombre. Sin duda, un puente hacia la magia, la puerta al micro y al macrocosmos que nos descubrirá la naturaleza del universo y todo lo que contiene, y por supuesto, hacia el interior de nosotros mismos. Por ahí, en el abismo cuántico, quizá encontremos un concepto de Dios que sea congruente con nuestras ideas creadoras y no el grotesco aprendiz de hombre, psicótico, misógino y patético dios de la biblia.

Pero no vayamos tan lejos, exploremos nuestro futuro inmediato. Es tan poderosa su capacidad de cálculo, que el modelo más elemental de la máquina será capaz de brincar todos los candados de seguridad, tendrá capacidad para descifrar todos los códigos, todas las claves o contraseñas que pretendan ocultar información, hasta el famoso NIP, clave para ingresar a tus cuentas bancarias.

Nada más esta facultad, de la gran cantidad de facultades que tiene, cambiará en forma drástica nuestra vida. El operador de esta herramienta mágica, podrá saber el estado de cuenta real de todas las personas, de todos los negocios; de todos los planes gubernamentales y de sus movimientos financieros o políticos; el Vaticano se va a caer a pedazos, cuando el mundo tenga acceso a sus archivos. Ningún gobierno podrá ocultar sus planes y ninguna entidad podrá tener ganancias que no pueda explicar. ¿Exagerado? No. No obstante, sólo estoy hablando de una de las cosas que puede hacer un computador cuántico, no de lo que se debe o lo que se quiera hacer con esta maquinita infernal. Sin duda, todo tendrá que ser regulado para no llegar en el caos en las relaciones humanas. La vida de por sí es un lío, cuantimás…

Otra gracia de la maquinita, es acercarnos a la “verdad absoluta”. Aclaremos en filosofía se dice que la verdad absoluta no existe, sino que todo es relativo, o existe como una entelequia, pero, no puedo hablar de esto porque no soy filósofo, no obstante, sé que hasta esta disciplina, tal como la conocemos, se va a ver afectada. Como decía, podemos conocer o acercarnos a la verdad, en el origen y destino de las cosas. Por ejemplo, la biblia. Podemos alimentar nuestro ordenador maravilloso con toda la información bíblica, de todas las épocas y lugares, de todas las interpretaciones que tengamos, incluyendo los testimonios que existen en los archivos vaticanos y en las antiguas bibliotecas. Después quizá de unos minutos, dada su capacidad de cálculo, tendríamos la información requerida: su origen, sus diversos autores, los cambio sufridos su intención y el porqué, etc., etc., con lo cual le daríamos a este libro “sagrado” su verdadera dimensión.

Casi de inmediato podríamos aclarar misterios que han permanecido desviando la atención del hombre. Por ejemplo cómo se originó la vida en nuestro planeta. Sabemos que desde principios del siglo XX se han tratado de recrear las condiciones que existieron en la superficie terrestre para que surgiera la vida. Ya desde 1924, el biólogo y bioquímico soviético Aleksander Ivánovich Oparin propuso una hipótesis revolucionaria para aclarar este asunto. Todo el proceso lo explica en su libro: El Origen de la vida.

Años después, en 1953, Stanley Miller y Harold Urey científicos estadounidenses de la Universidad de California, retomaron las investigaciones de Oparin y fabricaron una “sopa primigenia” donde se combinaron de mil formas los elementos básicos de la vida, el carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, etc., en un ambiente como el que tenía la tierra hace unos cuatro mil quinientos millones de años: erupciones volcánicas, tormentas eléctricas, etc., y tan solo consiguieron, después de mucho batallar, moléculas orgánicas, a partir de elementos inorgánicos. Un gran avance, sin duda, pero muy lejos todavía de una verdadera célula. ¿Qué falló? Pues, muchos estuvieron de acuerdo en que faltó un elemento primordial: el tiempo. Si los científicos hubiesen podido esperar cuando menos unos mil quinientos millones de años, seguramente iban a ver buenos resultados. Los investigadores no pudieron esperar, pero la naturaleza sí.

Pues esa es otra gracia de nuestro Ordenador Cuántico, copiar a la naturaleza. El computador maravilloso podrá “alargar el tiempo”; es decir, crear una simulación donde se podrían ver en pantalla los efectos del tiempo en la sopa primigenia. ¿Qué veríamos en el simulador Cuántico después de sólo un millón de años? Quizá la primera célula, lista para formar el primer complejo orgánico y a partir de ese momento el desarrollo de la vida: la evolución, vista paso a paso.

El experimento de Miller y Urey es el inicio de la abiogénesis; es la prueba de que lo inorgánico puede ser orgánico en condiciones apropiadas.

Pero existen muchísimas cosas más que el Computador Cuántico cambiará en nuestra vida. Por ejemplo: el genoma humano. Con el tiempo la información genética personalizada, será un asunto común. Todos los hospitales contarán con un CC para conocer todo lo relacionado al genoma del paciente. Se podrá saber cuál es su perspectiva de vida y hacer una relación, no de las enfermedades que sufre, sino de las enfermedades que va a desarrollar, desde luego para combatirlas antes de que le arruinen la existencia. Por otro lado cada ser humano podrá saber en qué área del quehacer humano se puede desempeñar con más éxito. El mundo se convertirá en un lugar más cómodo, esperanzador y más seguro para vivir. La vida será una verdadera fiesta.

El cambio que viene, en todas las disciplinas, es tan radical e insospechado que se tendrán que poner candados para regular el cambio y evitar en lo posible el caos; la vida emocional de las personas será una de las cosas más importantes que atender, porque eso de toparnos de frente, en forma inesperada, con la verdad, puede ser más peligroso que las mentiras, en las que generalmente vivimos.gonzali42@yahoo.com.mx

Según afirma la comunidad científica, el Computador Cuántico (CC) está a la vuelta de la esquina. Si el lóbulo frontal en el cerebro humano es el súmmum de la evolución, esta máquina se convertirá en la cima de la capacidad del hombre. Sin duda, un puente hacia la magia, la puerta al micro y al macrocosmos que nos descubrirá la naturaleza del universo y todo lo que contiene, y por supuesto, hacia el interior de nosotros mismos. Por ahí, en el abismo cuántico, quizá encontremos un concepto de Dios que sea congruente con nuestras ideas creadoras y no el grotesco aprendiz de hombre, psicótico, misógino y patético dios de la biblia.

Pero no vayamos tan lejos, exploremos nuestro futuro inmediato. Es tan poderosa su capacidad de cálculo, que el modelo más elemental de la máquina será capaz de brincar todos los candados de seguridad, tendrá capacidad para descifrar todos los códigos, todas las claves o contraseñas que pretendan ocultar información, hasta el famoso NIP, clave para ingresar a tus cuentas bancarias.

Nada más esta facultad, de la gran cantidad de facultades que tiene, cambiará en forma drástica nuestra vida. El operador de esta herramienta mágica, podrá saber el estado de cuenta real de todas las personas, de todos los negocios; de todos los planes gubernamentales y de sus movimientos financieros o políticos; el Vaticano se va a caer a pedazos, cuando el mundo tenga acceso a sus archivos. Ningún gobierno podrá ocultar sus planes y ninguna entidad podrá tener ganancias que no pueda explicar. ¿Exagerado? No. No obstante, sólo estoy hablando de una de las cosas que puede hacer un computador cuántico, no de lo que se debe o lo que se quiera hacer con esta maquinita infernal. Sin duda, todo tendrá que ser regulado para no llegar en el caos en las relaciones humanas. La vida de por sí es un lío, cuantimás…

Otra gracia de la maquinita, es acercarnos a la “verdad absoluta”. Aclaremos en filosofía se dice que la verdad absoluta no existe, sino que todo es relativo, o existe como una entelequia, pero, no puedo hablar de esto porque no soy filósofo, no obstante, sé que hasta esta disciplina, tal como la conocemos, se va a ver afectada. Como decía, podemos conocer o acercarnos a la verdad, en el origen y destino de las cosas. Por ejemplo, la biblia. Podemos alimentar nuestro ordenador maravilloso con toda la información bíblica, de todas las épocas y lugares, de todas las interpretaciones que tengamos, incluyendo los testimonios que existen en los archivos vaticanos y en las antiguas bibliotecas. Después quizá de unos minutos, dada su capacidad de cálculo, tendríamos la información requerida: su origen, sus diversos autores, los cambio sufridos su intención y el porqué, etc., etc., con lo cual le daríamos a este libro “sagrado” su verdadera dimensión.

Casi de inmediato podríamos aclarar misterios que han permanecido desviando la atención del hombre. Por ejemplo cómo se originó la vida en nuestro planeta. Sabemos que desde principios del siglo XX se han tratado de recrear las condiciones que existieron en la superficie terrestre para que surgiera la vida. Ya desde 1924, el biólogo y bioquímico soviético Aleksander Ivánovich Oparin propuso una hipótesis revolucionaria para aclarar este asunto. Todo el proceso lo explica en su libro: El Origen de la vida.

Años después, en 1953, Stanley Miller y Harold Urey científicos estadounidenses de la Universidad de California, retomaron las investigaciones de Oparin y fabricaron una “sopa primigenia” donde se combinaron de mil formas los elementos básicos de la vida, el carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, etc., en un ambiente como el que tenía la tierra hace unos cuatro mil quinientos millones de años: erupciones volcánicas, tormentas eléctricas, etc., y tan solo consiguieron, después de mucho batallar, moléculas orgánicas, a partir de elementos inorgánicos. Un gran avance, sin duda, pero muy lejos todavía de una verdadera célula. ¿Qué falló? Pues, muchos estuvieron de acuerdo en que faltó un elemento primordial: el tiempo. Si los científicos hubiesen podido esperar cuando menos unos mil quinientos millones de años, seguramente iban a ver buenos resultados. Los investigadores no pudieron esperar, pero la naturaleza sí.

Pues esa es otra gracia de nuestro Ordenador Cuántico, copiar a la naturaleza. El computador maravilloso podrá “alargar el tiempo”; es decir, crear una simulación donde se podrían ver en pantalla los efectos del tiempo en la sopa primigenia. ¿Qué veríamos en el simulador Cuántico después de sólo un millón de años? Quizá la primera célula, lista para formar el primer complejo orgánico y a partir de ese momento el desarrollo de la vida: la evolución, vista paso a paso.

El experimento de Miller y Urey es el inicio de la abiogénesis; es la prueba de que lo inorgánico puede ser orgánico en condiciones apropiadas.

Pero existen muchísimas cosas más que el Computador Cuántico cambiará en nuestra vida. Por ejemplo: el genoma humano. Con el tiempo la información genética personalizada, será un asunto común. Todos los hospitales contarán con un CC para conocer todo lo relacionado al genoma del paciente. Se podrá saber cuál es su perspectiva de vida y hacer una relación, no de las enfermedades que sufre, sino de las enfermedades que va a desarrollar, desde luego para combatirlas antes de que le arruinen la existencia. Por otro lado cada ser humano podrá saber en qué área del quehacer humano se puede desempeñar con más éxito. El mundo se convertirá en un lugar más cómodo, esperanzador y más seguro para vivir. La vida será una verdadera fiesta.

El cambio que viene, en todas las disciplinas, es tan radical e insospechado que se tendrán que poner candados para regular el cambio y evitar en lo posible el caos; la vida emocional de las personas será una de las cosas más importantes que atender, porque eso de toparnos de frente, en forma inesperada, con la verdad, puede ser más peligroso que las mentiras, en las que generalmente vivimos.gonzali42@yahoo.com.mx

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