/ viernes 7 de junio de 2019

El futuro de México o México aún tiene futuro

Carrereando la chuleta


No sé si a usted le pase querido lector, pero cuando veo a un joven tirado en un sillón o en una banqueta sin hacer algo me dan ganas de pararlo, sacudirlo, darle un par de cachetadas y hacerlo entender que está desperdiciando lo más valioso que hay y que aún tiene: el tiempo y la fortaleza, física, de espíritu.

Ignoro qué pasará por su cabeza, pero de verdad no tendrán un sueño, un anhelo, algo por qué luchar, salir adelante, o por ellos mismos, caray.

En cambio, cuando veo a los chavos organizarse, trabajar por un bien común, vuelvo a creer en la humanidad, en que por más amoladas que les estemos dejando las cosas tendrán la capacidad de enderezarlas y de darle una nueva oportunidad al planeta Tierra.

Algo así me sucedió el día de ayer cuando vi a los muchachos de la preparatoria del Instituto Guadalupe Victoria en una importante campaña de limpieza. Se pusieron a recolectar la basura de algunas calles de la ciudad de Tapachula, en uniforme, cargando sus mochilas en la espalda y con bolsas negras en las manos. Trabajaron sobre todo en la esquina de la Central Sur y la 10ª Poniente.

Es obvio que ellos no la tiraron, que algunos probablemente ni siquiera pasen por ahí habitualmente, pero no les importó quién fue el origen del problema, ellos lo solucionaron, formaron brigadas y limpiaron.

Hace justo unos días se conmemoró el Día Internacional del Medio Ambiente y creo que si para esto sirven estos recordatorios prometo unirme a ellos, porque esto sí es hacer algo, no nomás lanzar palabritas o mensajitos al aire, sino poniendo manos a la obra.

No son los únicos, en este sentido tema ecológico son varios los grupos que se han organizado para limpiar la playa, las orillas de los ríos, las calles, plazas públicas, es todo un batallón de personas el que está tratando de remediar el daño que ya está hecho y eso debería, además, de darnos gusto motivarnos para unirnos a ellos.

Los jóvenes nos están poniendo el ejemplo y mal haríamos en no subirnos a este bote, apoyémoslos, orientémoslos para que sean los protagonistas de una nueva era, que no sé si alcance a ver, en la que aprendemos a vivir en armonía con la naturaleza, sin devastarla.

Pero no es el único tema en el que nos podríamos poner las pilas y hacerles segunda a los jóvenes, hay muchos otros en donde a veces pareciera que los dejamos solos: cuando tienen alguna idea innovadora, cuando quieren ser empresarios, romper paradigmas. Los sofocamos, no los dejamos avanzar, cuando si hiciéramos equipo con ellos estoy seguro se podrían lograr cosas muy interesantes.

Muchos de nosotros trabajamos arduamente, tuvimos que sortear todo tipo de complicaciones para lograr salir adelante, sin embargo, para no repetir la historia nos ha dado por sobreproteger a nuestros hijos, a los jóvenes que hoy día andan nomás vagando, no queremos que hagan el menor esfuerzo o que trabajen, para qué si tienen a sus padres. La mala noticia primero es que los padres no son eternos, la segunda es que se está estamos creando un segmento social que cree se lo merece todo pero que además no tiene que trabajar o esforzarse. Nada más lejos de la realidad.

Ayudemos a que nuestros jóvenes exploten todo su capital físico e intelectual, estoy seguro ellos tienen ya la respuesta a muchos de los problemas actuales.

Carrereando la chuleta


No sé si a usted le pase querido lector, pero cuando veo a un joven tirado en un sillón o en una banqueta sin hacer algo me dan ganas de pararlo, sacudirlo, darle un par de cachetadas y hacerlo entender que está desperdiciando lo más valioso que hay y que aún tiene: el tiempo y la fortaleza, física, de espíritu.

Ignoro qué pasará por su cabeza, pero de verdad no tendrán un sueño, un anhelo, algo por qué luchar, salir adelante, o por ellos mismos, caray.

En cambio, cuando veo a los chavos organizarse, trabajar por un bien común, vuelvo a creer en la humanidad, en que por más amoladas que les estemos dejando las cosas tendrán la capacidad de enderezarlas y de darle una nueva oportunidad al planeta Tierra.

Algo así me sucedió el día de ayer cuando vi a los muchachos de la preparatoria del Instituto Guadalupe Victoria en una importante campaña de limpieza. Se pusieron a recolectar la basura de algunas calles de la ciudad de Tapachula, en uniforme, cargando sus mochilas en la espalda y con bolsas negras en las manos. Trabajaron sobre todo en la esquina de la Central Sur y la 10ª Poniente.

Es obvio que ellos no la tiraron, que algunos probablemente ni siquiera pasen por ahí habitualmente, pero no les importó quién fue el origen del problema, ellos lo solucionaron, formaron brigadas y limpiaron.

Hace justo unos días se conmemoró el Día Internacional del Medio Ambiente y creo que si para esto sirven estos recordatorios prometo unirme a ellos, porque esto sí es hacer algo, no nomás lanzar palabritas o mensajitos al aire, sino poniendo manos a la obra.

No son los únicos, en este sentido tema ecológico son varios los grupos que se han organizado para limpiar la playa, las orillas de los ríos, las calles, plazas públicas, es todo un batallón de personas el que está tratando de remediar el daño que ya está hecho y eso debería, además, de darnos gusto motivarnos para unirnos a ellos.

Los jóvenes nos están poniendo el ejemplo y mal haríamos en no subirnos a este bote, apoyémoslos, orientémoslos para que sean los protagonistas de una nueva era, que no sé si alcance a ver, en la que aprendemos a vivir en armonía con la naturaleza, sin devastarla.

Pero no es el único tema en el que nos podríamos poner las pilas y hacerles segunda a los jóvenes, hay muchos otros en donde a veces pareciera que los dejamos solos: cuando tienen alguna idea innovadora, cuando quieren ser empresarios, romper paradigmas. Los sofocamos, no los dejamos avanzar, cuando si hiciéramos equipo con ellos estoy seguro se podrían lograr cosas muy interesantes.

Muchos de nosotros trabajamos arduamente, tuvimos que sortear todo tipo de complicaciones para lograr salir adelante, sin embargo, para no repetir la historia nos ha dado por sobreproteger a nuestros hijos, a los jóvenes que hoy día andan nomás vagando, no queremos que hagan el menor esfuerzo o que trabajen, para qué si tienen a sus padres. La mala noticia primero es que los padres no son eternos, la segunda es que se está estamos creando un segmento social que cree se lo merece todo pero que además no tiene que trabajar o esforzarse. Nada más lejos de la realidad.

Ayudemos a que nuestros jóvenes exploten todo su capital físico e intelectual, estoy seguro ellos tienen ya la respuesta a muchos de los problemas actuales.

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