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CARREREANDO LA CHULETA

  • Ronay González

 

 

EL PLACER DE ENSEÑAR

Estamos viviendo tiempos extraños, hoy día queremos que los jóvenes aprendan mucho más aunque no sepamos qué hacer con toda la información que les llega (ellos menos lo saben); tampoco sabemos cómo serán las siguientes generaciones o por qué cosas tendrán que pasar.

Recuerdo que en mis tiempos para hacer un investigación había que ir a la biblioteca, ubicar los libros, leer un montón de índices y ya que encontrábamos lo requerido tratar de entender para poder hacer un resumen y escribirlo redactado con nuestro puño letra, preparar la presentación y entregarla.

En cambio los jóvenes de hoy camino a su casa con su teléfono celular investigan la tarea, normalmente copian, pegan, si bien nos va harán un pequeño análisis y entregan su trabajo impreso, si no tienen celular con Internet, por ocho pesos en menos de una hora en cualquier ciber hacen exactamente lo mismo. Lo malo es que muchos ni siquiera leen lo que están entregando.

Una de las ocasiones en que me ha tocado estar frente a un grupo, me pidieron vigilar que los jóvenes de secundaria entregaran un análisis literario. Les di una pequeña plática para que ubicaran el género al que correspondía cada obra elegida, porque no es lo mismo analizar un texto narrativo que uno lírico o dramático; les enseñé cómo ubicar las pautas para el análisis. Cabe puntualizar que un análisis consiste en separar las partes del todo para volver a unirlas, encontrando las relaciones que entre ellas existen.

El resultado me espantó, más del 60% en la clase tomó los análisis literarios con punto y coma del portal El Rincón del Vago, el resto realizó sus respectivos trabajos con los elementos que leyeron, lo cual obviamente los hizo acreedores a mejores notas. Los que copiaron -y en muchos casos transcribieron- tuvieron doble chamba pues los mandé a que ahora hicieran un análisis pero de lo que me habían entregado.

Hubo algunos que se rehusaron, por lo que tuve que llevarlos yo mismo a la cafetería y prácticamente obligarlos a que leyeran y como pudieran terminaran lo que les había pedido, aunque claro no faltaron los padres de familia, afortunadamente pocos, que se molestaron porque puse a sus hijos a “trabajar de más”.

Cuántos maestros se enfrentan todos los días a esto, no es fácil lidiar con 36 alumnos y controlar no sólo el ímpetu de la juventud sino la rebeldía, en otros casos la sobreprotección o total abandono por parte de los familiares, lo que obviamente se refleja en el comportamiento con los compañeros, con el maestro mismo.

Siempre he externado que debo un reconocimiento a los maestros que me enseñaron y que apartaron de mi enseñanza -y de mi persona- sus pleitos magisteriales, y quiero hacer, aprovechando la fecha, un reconocimiento a los maestros que le ponen mucho ímpetu a su trabajo o que se ve fácilmente en la admiración de sus alumnos, quienes a veces se terminan convirtiendo hasta en sus amigos, porque les comparten sus problemas, por ejemplo el que se queda en el salón porque no lleva dinero para comprarse una torta y cuando se lo confía a su maestro, este le comparte su desayuno.

La idea y lo poco que les pude enseñar aquella ocasión del análisis literario lo tomé de un maestro al que admiro profundamente: Francisco de la Rosa, de allá por los tiempos de la Prepa Dos. Me enseñó con tal pasión que hasta la fecha me sigue gustando leer, él me ayudó a nutrir mi gusto por la oratoria, que por cierto no estaba en el programa, pero él me instruyó, sólo le fallé en la cuestión ortográfica que hasta la fecha me da dolor de cabeza, pero eso no es culpa de él, yo lo recuerdo como un buen maestro, comprometido y entregado, disciplinado.

Ejemplos tengo varios y seguramente se me escapan más, el profe Heriberto, Clementina, Pelayo, Del Pino, Elisa Capri, personas que me transmitieron no sólo conocimientos, a quienes admiraba porque dejaban a un lado problemas sindicales o inconformidades para dedicarse a la enseñanza, al ejercicio de la cátedra.

Sigo en etapa de formación y tengo la dicha de conocer a otros que sé también serán difíciles de olvidar de la Universidad del Soconusco, Miguel Argüello, Elfego, Guadalupe de la O, Luis Javier, Ramiro, Rosario Cabrera, Rodolfo, Omar Kim, y seguro estoy que hay muchos en las universidades públicas y privadas del estado.

Pero como en todo también está el otro lado, los maestros que le dan mucho más importancia al factor político que al de la transmisión de conocimientos, maestros que se sienten amparados no por lo que saben sino por los privilegios que les da un sindicato, esos dudo que tengan algo qué festejar el día de hoy simplemente porque no están cumpliendo con su importantísima función: la formación de las generaciones futuras.

No hemos entendido que si formamos buenos estudiantes, tendremos una mejor sociedad en todos los aspectos, así que ¡Felicidades pues a los maestros en su día, cuánta falta nos hacen!

Cambiando de chuleta le comento en el Programa IMSS-PROSPERA,  ha sido permanente la interrelación y capacitación con las 7,031 Parteras Voluntarias Rurales (PVR), para la atención de la salud reproductiva con el Enfoque Intercultural, como la principal prioridad, especialmente en las comunidades indígenas y alejadas de los servicios de salud; los temas principales que se abordan son:

Información sobre el uso de métodos de Planificación Familiar, Prevención del embarazo de alto riesgo, Control Prenatal y Derivación oportuna a la Unidad Médica; Atención del Parto Limpio, Esterilización del instrumental para la atención del parto y técnicas de higiene de las manos; Nutrición y prevención de la Anemia Materna, Lactancia Materna.

Hay que recordar que son mujeres  líderes reconocidas en sus comunidades con conocimientos, habilidades y destrezas para la atención del embarazo, parto y puerperio, y que de manera ancestral atienden a las embarazadas  brindándoles cuidados y atención. Tienen el reconocimiento de sus comunidades ya que comprenden los códigos culturales basados  en el manejo de la misma lengua, tradiciones, mitos y costumbres. En este caso con el respaldo de la delegación Chiapas del IMSS.

Y me da mucho gusto ver que a nivel nacional doña Trini, una partera de Comitán, Chiapas, fuera como el emblema del programa. En su comunidad es considerada como en muchas, “ángeles”, con más de 200 partos atendidos, atiende a mujeres en lugares alejados de los hospitales, y con apenas la primaria terminada, doña Trini logró certificarse como partera tradicional. De aspecto noble dice con palabras de sabiduría: “nunca es tarde para prepararse”.