/ jueves 5 de noviembre de 2020

Disruptores | Cambiar de look está a una app de distancia

Glitzi, la plataforma de Ana Ramos, acerca servicios profesionales de belleza y salud a los usuarios, al estilo Uber

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La industria de la belleza y el cuidado personal como la conocíamos tenía fecha de caducidad, platica la emprendedora Ana Ramos. Con sueldos mal pagados, mucha informalidad y poca profesionalización, era cuestión de tiempo para que alguien viniera a inyectarle tecnología a ese sector.

"Cada emprendedor hace un negocio del mercado que conoce más o en los que se sienten más apasionados, pero también en donde creen que pueden resolver más problemas. Y en ese sentido un hombre nunca experimenta los problemas de un salón de belleza. Escogí emprender en belleza y bienestar porque viví sus problemas como consumidora. Es un mercado que no se ha explotado al 100 por ciento y realmente creo que la oportunidad es enorme porque hay muy poca tecnología en la industria”, platica.

Glitzi, la empresa de Ana es eso, disrupción tecnológica en un mercado multimillonario que ha permanecido casi inmóvil durante décadas.

Glitzi es una plataforma digital que uberiza servicios de belleza, salud y barbería. Mediante la app, usuarios seleccionan un servicio en estas áreas, lugar y hora de servicio, y agendan una cita por la cual pagan en ese momento.

Nos dimos cuenta de que quienes hacen al mercado no son los espacios, sino las personas

Entre los servicios ofrecidos al momento están corte de cabello, peinado, maquillaje, uñas, barbería, podología y servicios de spa, como masajes y faciales.

Del otro lado, profesionales de la belleza y el cuidado personal previamente han establecido horarios y zonas de trabajo en los cuales están disponibles. El algoritmo de la plataforma Glitzi las asigna a cada trabajo solicitado con base en la distancia, que se vuelve el único diferenciador en cuanto al costo de los servicios, pues todas las profesionales cobran lo mismo por el mismo servicio.

Si el cliente ya conoce a alguna profesional de su gusto puede seleccionarla con libertad, o ver entre los perfiles de cada una, cuál le convence más con base en un sistema reputacional de estrellas y comentarios de clientes previos.

Además de la conveniencia del servicio a domicilio, la plataforma agrega valor al ecosistema, al estandarizar procesos y asegurar la calidad de todos los servicios mediante lo que ha llamado “Glitzi University”, que es su propio centro de certificación y capacitación de profesionales.

Mediante encuentros presenciales o virtuales, todas las profesionales que buscan trabajar en Glitzi, tengan experiencia laboral o no, se someten a pruebas técnicas y de conocimientos sobre cada uno de los oficios en la industria, las cuales son realizadas por otras profesionales de probado conocimiento, a las que Glitzi llama “category managers”.

“Hay gente súper talentosa que aprendió en YouTube o de sus papás. Entonces, realmente lo que nosotros hacemos es encontrar el talento y después lo estandarizamos. Lo que define si la persona tienen talento o no, no es un papel, sino una prueba técnica que la hace gente con mucha experiencia, y que puede determinar si alguien tiene el talento y la técnica para poder entrar aquí”.

Igual que con los profesionales, Glitzi cuida que los productos utilizados en todos los servicios se apeguen a estándares elevados de calidad.

Foto: Alejandro Aguilar

Así, en cada una de las áreas en las que la plataforma Glitzi imparte servicios, la empresa ha logrado construir un playbook de buenas prácticas y pasos a seguir para la ejecución de un buen trabajo, sin dejar de lado las libertades creativas que las profesionistas de la belleza deben tomar a la hora de trabajar.

“Fue un gran reto y horas de trabajo con profesionales en cada área. Lanzamos poco a poco y nos fuimos dando cuenta de cuáles eran las profesionales que tenían menos quejas, entonces nos juntamos con ellas e hicimos un protocolo por cada uno de nuestros servicios. Fue cuestión de tiempo y de investigación”.

Según explica Ana, esto es un parteaguas en la industria en México, pues gran parte del día a día de la ejecución en los salones y spas se basa sólo en la experiencia de las profesionales o la improvisación, no en estándares que deben de cumplirse de manera horizontal en todos los servicios prestados.

“Uno de los problemas más grandes de la industria en Latinoamérica es que no hay una certificación para ser profesional de belleza o de spa, cualquiera puede hacerlo. Entonces agregamos calidad, porque estandarizamos todos los protocolos, profesionalizamos a las profesionales, y aportamos conveniencia y seguridad”.

De acuerdo con Ana, el modelo de Glitzi no sólo representa beneficios para los consumidores, sino también para las profesionistas. En la plataforma 95 por ciento son mujeres, muchas de ellas con hijos y con responsabilidades domésticas.

La facilidad de que ellas mismas establezcan sus horarios de trabajo como profesionales independientes les aporta flexibilidad en sus vidas personales. Asimismo, en Glitzi las profesionales se llevan una comisión de entre 75 por ciento y 80 por ciento de cada servicio, cuando en la industria tradicional de salones y spas el porcentaje mayor es para el negocio.

“Las condiciones en la industria son muy pobres, no hay salarios fijos y son muchas las horas de trabajo, por eso hay tanta rotación.

“El mercado de los salones y spas estaba tan viciado que realmente el enlace entre los profesionales y los clientes tenia que venir no de los negocios. Tú como cliente, ¿escoges un salón por el salón o por el profesional?, si Jorge, que te encanta cómo te corta el cabello, se va a otro salón tú te vas con él.

“Entonces esa fue la gran diferencia, que nosotros nos dimos cuenta de que quienes realmente hacen al mercado no son los espacios, sino las personas, y quisimos ser una plataforma que conecta a los clientes y a las profesionales”.

MASCARILLA BERLINESA

Ana es una profesionista del marketing, finanzas y emprendimiento, que previo a Glitzi había trabajado para el fondo de venture capital alemán Vorwek Group. Durante su estancia en Berlín, Ana se encargaba de hacer el scouting y análisis de startups para definir en cuáles Vorwek podía realizar inversiones.

Por ejemplo, Ana formó parte del equipo que decidió invertir en la empresa alemana de kits de comida HelloFresh, la cual, al día de hoy, cotiza en bolsa y es el proveedor de kits de comida más grande de los Estados Unidos con operaciones en diversos países como Canadá, Europa Occidental, Nueva Zelanda y Australia.

Según cuenta la emprendedora, en ese andar es que conoció a una startup brasileña que proponía un software de administración de salones de belleza. Aunque la empresa no fue exitosa, Ana terminó por adentrarse en la industria y los problemas que la aquejan.

“Aprendí lo que funcionaba y lo que no. Eso lo junté con mi experiencia como mujer yendo a salones de belleza con los dolores de cabeza que tiene uno como cliente y de ahí salió parte de la idea de Glitzi. Todos creyeron que estaba loca por regresarme a México”.

A partir de 2018, junto a su socio Luis Vázquez, responsable de toda el área tecnológica, Ana regresó, dejó su empleo en Alemania para dedicarse a Glitzi de tiempo completo, la cual comenzó como una página web financiada enteramente por los sueldos de los fundadores.

Las condiciones en la industria son muy pobres, no hay salarios fijos y son muchas las horas de trabajo, por eso hay tanta rotación. El mercado de los salones y spas estaba tan viciado

Gracias las inversiones de ángeles inversionistas y un capitalista mayoritario de EU, Glitzi ya había tomado tracción entre consumidores y profesionales durante sus dos primeros años de vida; sin embargo, como Ana reconoce, la pandemia le ha dado todavía más argumentos en cuanto a la viabilidad de su modelo de negocios.

Con los salones y spas cerrados, el número de profesionales que buscan trabajar con Glitzi se ha quintuplicado, en tanto que el número de clientes solicitando servicios mediante la plataforma triplicado.

“Glitzi tenía una hipótesis de negocio antes de la pandemia que era muy muy enfocada en las personas. Pero después de ella, lo que pasa es que el negocio se volvió muchísimo más relevante, porque ahora los salones y spas están desapareciendo. Entonces, ¿quiénes son las que quedan?: las profesionales.

“Si antes las personas veían nuestros servicios como convenientes ahora lo ven como la forma más segura de adquirir servicios de belleza y cuidado personal. Antes teníamos que convencerlas de que era algo que necesitaban, ahora no hay que convencerlas de nada, la gente lo está buscando”.

Según explica Ana, Glitzi utilizará esta inercia para sumar a más profesionales en la Ciudad de México y Querétaro, donde actualmente opera como meta en el corto plazo. En el mediano, está la intención de ampliar las operaciones a otras ciudades y para 2022 lanzarse hacia otros países.

“Es complejo operativamente la parte de afiliar a las profesionales y estandarizarlas, (...) pero esta nueva normalidad tras la pandemia ha cambiado patrones de consumo. Una vez que la gente prueba nuestros servicios ya no regresan a un salón o spa, exista pandemia o no.

“Creo que la mayor ventaja de Glitzi es que como negocio no agrega valor sólo a los clientes, sino también a las profesionales. No somos una empresa que sólo se enfoque en las ganancias, sino también buscamos darles una forma de ingreso justa y flexible a las personas. Y eso hace que nos quieran”.

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La industria de la belleza y el cuidado personal como la conocíamos tenía fecha de caducidad, platica la emprendedora Ana Ramos. Con sueldos mal pagados, mucha informalidad y poca profesionalización, era cuestión de tiempo para que alguien viniera a inyectarle tecnología a ese sector.

"Cada emprendedor hace un negocio del mercado que conoce más o en los que se sienten más apasionados, pero también en donde creen que pueden resolver más problemas. Y en ese sentido un hombre nunca experimenta los problemas de un salón de belleza. Escogí emprender en belleza y bienestar porque viví sus problemas como consumidora. Es un mercado que no se ha explotado al 100 por ciento y realmente creo que la oportunidad es enorme porque hay muy poca tecnología en la industria”, platica.

Glitzi, la empresa de Ana es eso, disrupción tecnológica en un mercado multimillonario que ha permanecido casi inmóvil durante décadas.

Glitzi es una plataforma digital que uberiza servicios de belleza, salud y barbería. Mediante la app, usuarios seleccionan un servicio en estas áreas, lugar y hora de servicio, y agendan una cita por la cual pagan en ese momento.

Nos dimos cuenta de que quienes hacen al mercado no son los espacios, sino las personas

Entre los servicios ofrecidos al momento están corte de cabello, peinado, maquillaje, uñas, barbería, podología y servicios de spa, como masajes y faciales.

Del otro lado, profesionales de la belleza y el cuidado personal previamente han establecido horarios y zonas de trabajo en los cuales están disponibles. El algoritmo de la plataforma Glitzi las asigna a cada trabajo solicitado con base en la distancia, que se vuelve el único diferenciador en cuanto al costo de los servicios, pues todas las profesionales cobran lo mismo por el mismo servicio.

Si el cliente ya conoce a alguna profesional de su gusto puede seleccionarla con libertad, o ver entre los perfiles de cada una, cuál le convence más con base en un sistema reputacional de estrellas y comentarios de clientes previos.

Además de la conveniencia del servicio a domicilio, la plataforma agrega valor al ecosistema, al estandarizar procesos y asegurar la calidad de todos los servicios mediante lo que ha llamado “Glitzi University”, que es su propio centro de certificación y capacitación de profesionales.

Mediante encuentros presenciales o virtuales, todas las profesionales que buscan trabajar en Glitzi, tengan experiencia laboral o no, se someten a pruebas técnicas y de conocimientos sobre cada uno de los oficios en la industria, las cuales son realizadas por otras profesionales de probado conocimiento, a las que Glitzi llama “category managers”.

“Hay gente súper talentosa que aprendió en YouTube o de sus papás. Entonces, realmente lo que nosotros hacemos es encontrar el talento y después lo estandarizamos. Lo que define si la persona tienen talento o no, no es un papel, sino una prueba técnica que la hace gente con mucha experiencia, y que puede determinar si alguien tiene el talento y la técnica para poder entrar aquí”.

Igual que con los profesionales, Glitzi cuida que los productos utilizados en todos los servicios se apeguen a estándares elevados de calidad.

Foto: Alejandro Aguilar

Así, en cada una de las áreas en las que la plataforma Glitzi imparte servicios, la empresa ha logrado construir un playbook de buenas prácticas y pasos a seguir para la ejecución de un buen trabajo, sin dejar de lado las libertades creativas que las profesionistas de la belleza deben tomar a la hora de trabajar.

“Fue un gran reto y horas de trabajo con profesionales en cada área. Lanzamos poco a poco y nos fuimos dando cuenta de cuáles eran las profesionales que tenían menos quejas, entonces nos juntamos con ellas e hicimos un protocolo por cada uno de nuestros servicios. Fue cuestión de tiempo y de investigación”.

Según explica Ana, esto es un parteaguas en la industria en México, pues gran parte del día a día de la ejecución en los salones y spas se basa sólo en la experiencia de las profesionales o la improvisación, no en estándares que deben de cumplirse de manera horizontal en todos los servicios prestados.

“Uno de los problemas más grandes de la industria en Latinoamérica es que no hay una certificación para ser profesional de belleza o de spa, cualquiera puede hacerlo. Entonces agregamos calidad, porque estandarizamos todos los protocolos, profesionalizamos a las profesionales, y aportamos conveniencia y seguridad”.

De acuerdo con Ana, el modelo de Glitzi no sólo representa beneficios para los consumidores, sino también para las profesionistas. En la plataforma 95 por ciento son mujeres, muchas de ellas con hijos y con responsabilidades domésticas.

La facilidad de que ellas mismas establezcan sus horarios de trabajo como profesionales independientes les aporta flexibilidad en sus vidas personales. Asimismo, en Glitzi las profesionales se llevan una comisión de entre 75 por ciento y 80 por ciento de cada servicio, cuando en la industria tradicional de salones y spas el porcentaje mayor es para el negocio.

“Las condiciones en la industria son muy pobres, no hay salarios fijos y son muchas las horas de trabajo, por eso hay tanta rotación.

“El mercado de los salones y spas estaba tan viciado que realmente el enlace entre los profesionales y los clientes tenia que venir no de los negocios. Tú como cliente, ¿escoges un salón por el salón o por el profesional?, si Jorge, que te encanta cómo te corta el cabello, se va a otro salón tú te vas con él.

“Entonces esa fue la gran diferencia, que nosotros nos dimos cuenta de que quienes realmente hacen al mercado no son los espacios, sino las personas, y quisimos ser una plataforma que conecta a los clientes y a las profesionales”.

MASCARILLA BERLINESA

Ana es una profesionista del marketing, finanzas y emprendimiento, que previo a Glitzi había trabajado para el fondo de venture capital alemán Vorwek Group. Durante su estancia en Berlín, Ana se encargaba de hacer el scouting y análisis de startups para definir en cuáles Vorwek podía realizar inversiones.

Por ejemplo, Ana formó parte del equipo que decidió invertir en la empresa alemana de kits de comida HelloFresh, la cual, al día de hoy, cotiza en bolsa y es el proveedor de kits de comida más grande de los Estados Unidos con operaciones en diversos países como Canadá, Europa Occidental, Nueva Zelanda y Australia.

Según cuenta la emprendedora, en ese andar es que conoció a una startup brasileña que proponía un software de administración de salones de belleza. Aunque la empresa no fue exitosa, Ana terminó por adentrarse en la industria y los problemas que la aquejan.

“Aprendí lo que funcionaba y lo que no. Eso lo junté con mi experiencia como mujer yendo a salones de belleza con los dolores de cabeza que tiene uno como cliente y de ahí salió parte de la idea de Glitzi. Todos creyeron que estaba loca por regresarme a México”.

A partir de 2018, junto a su socio Luis Vázquez, responsable de toda el área tecnológica, Ana regresó, dejó su empleo en Alemania para dedicarse a Glitzi de tiempo completo, la cual comenzó como una página web financiada enteramente por los sueldos de los fundadores.

Las condiciones en la industria son muy pobres, no hay salarios fijos y son muchas las horas de trabajo, por eso hay tanta rotación. El mercado de los salones y spas estaba tan viciado

Gracias las inversiones de ángeles inversionistas y un capitalista mayoritario de EU, Glitzi ya había tomado tracción entre consumidores y profesionales durante sus dos primeros años de vida; sin embargo, como Ana reconoce, la pandemia le ha dado todavía más argumentos en cuanto a la viabilidad de su modelo de negocios.

Con los salones y spas cerrados, el número de profesionales que buscan trabajar con Glitzi se ha quintuplicado, en tanto que el número de clientes solicitando servicios mediante la plataforma triplicado.

“Glitzi tenía una hipótesis de negocio antes de la pandemia que era muy muy enfocada en las personas. Pero después de ella, lo que pasa es que el negocio se volvió muchísimo más relevante, porque ahora los salones y spas están desapareciendo. Entonces, ¿quiénes son las que quedan?: las profesionales.

“Si antes las personas veían nuestros servicios como convenientes ahora lo ven como la forma más segura de adquirir servicios de belleza y cuidado personal. Antes teníamos que convencerlas de que era algo que necesitaban, ahora no hay que convencerlas de nada, la gente lo está buscando”.

Según explica Ana, Glitzi utilizará esta inercia para sumar a más profesionales en la Ciudad de México y Querétaro, donde actualmente opera como meta en el corto plazo. En el mediano, está la intención de ampliar las operaciones a otras ciudades y para 2022 lanzarse hacia otros países.

“Es complejo operativamente la parte de afiliar a las profesionales y estandarizarlas, (...) pero esta nueva normalidad tras la pandemia ha cambiado patrones de consumo. Una vez que la gente prueba nuestros servicios ya no regresan a un salón o spa, exista pandemia o no.

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