/ miércoles 10 de julio de 2024

Chabelita: Un legado de amor en la donación de órganos

En medio de su lucha contra problemas cerebrales y una discapacidad motriz, Isabel mantuvo su decisión inquebrantable de donar órganos para salvar vidas

Chabelita, como cariñosamente la conocen sus familiares y seres queridos, tomó una de las más difíciles decisiones en su vida: donar sus órganos para salvar otras vidas.

En medio de su lucha contra problemas cerebrales y una discapacidad motriz, Isabel Hernández Ruiz, quien había cumplido 13 años, mostró desde temprana edad un interés por la donación de órganos.

“Mi nena era un ángel”, recuerda su padre, Carlos Hernández Cruz, quien junto a la mamá, Carmen Gannet Ruiz Runo, y la hermana de la pequeña, Carla Patricia Hernández Ruiz señalan que ella siempre dijo que quería donar sus órganos.

En entrevista exclusiva para Diario del Sur, la familia describe a Chavelita como alguien alegre y carismática desde niña. A pesar de sus desafíos de salud mantuvo su decisión inquebrantable: donar sus riñones, córneas y tejidos.

Chabelita nació con hidrocefalia mielomeningocele, que es la acumulación de líquido en el cerebro. Cuando su madre estaba embarazada de ella, le dijeron que traía ese problema, por lo que se lo comunicó inmediatamente a su esposo, quien le respondió:


“déjala, como Dios nos las mande, la vamos a amar, la vamos a criar”.

Nació en el Hospital Regional y de ahí la trasladaron al Seguro Social, dónde la operó el doctor Velázquez, pues su hidrocefalia ya estaba muy avanzada.

Desde pequeña siempre fue alegre y mostró su interés por la donación de órganos. Viendo la tele en su casa, con su familia, escuchó que su cuñada se iba a inscribir para donar órganos, lo que despertó su curiosidad.

Chabelita será recordada por sus familiares y amigos como una niña carismática y alegre / Foto: Cortesía / Familia Hernández Ruiz

-Mami, ¿y cómo es eso?, le preguntó Chabelita, por lo que le comenzó a explicar a su manera.

-Mami, ¿te digo algo? Si algún día, cuando yo esté viejita y me muera, regalas lo que me sirva- le comentó a su madre.

“Yo sentí muy bonito, porque a pesar de que estaba pequeña, aún con su problemita de hidrocefalia, ella captaba cosas. Volteé a ver a mi nuera y le digo: ya ves, parece que la nena no entendiera, pero bien que nos entiende”, narra doña Carmen.

Le realizaron una tomografía y el doctor dijo que todo estaba bien, pero a la semana comenzó con un dolor de cabeza. Le hicieron otra tomografía y no le hallaron problema. Un nuevo dolor hizo que se desmayara y tuvieran que internarla.

“Ella al principio dijo que quería donar sus órganos. Yo, de padre, no me oponía porque yo pensaba lo mismo, si hay que salvar o alguien necesita los órganos, pues estábamos dispuestos a donar”, menciona don Carlos.

Su papá no vivía con ellos desde hace años, trabajaba en Monterrey, lo cual no le impedía estar en contacto con su hija.

“Ya se nos estaba yendo, había tenido un derrame cerebral e iba a caer en coma, ya no iba a resistir, ya era lo último. Cada vez que yo hablaba con ella, le preguntaba cómo se sentía. Le decía: mija, cuando tú decidas, agarro el avión y yo estoy ahí contigo. Estoy a la orden que me digas y yo me pongo para allá”, asegura.

“Para mí fue un ángel, para mí es una vida de experiencia, lo puedo decir así. Traía un don especial. Quiero decirle a la población, muchos no creen en la donación de órganos. A veces los padres somos egoístas, no pensamos en la sociedad”, menciona.

Llamó a tomar conciencia y a participar en la donación, hacerlo de corazón y no por un fondo monetario.

“Yo lo di de corazón, lo dimos, con mi esposa, lo dimos de corazón. Lo hicimos con transparencia”, asegura.

“Yo me siento bien. Estoy triste, sí, pero a la vez estoy feliz porque mi hija está salvando, salvó vidas. Y yo hice su última voluntad. Me siento bien, porque yo sé que mi nena en algún lado va a estar”, afirma orgullosamente su madre.

Su hermana mayor, Carla Patricia, la recuerda como una verdadera heroína. “Chabelita entendía lo que significaba donar órganos para salvar vidas. Ella dejó un legado de amor y esperanza que inspira a todos nosotros a considerar la donación como un acto de solidaridad y generosidad.”

Eran tres hermanos: Chabelita, Mauricio y Carla. La convivencia con ella era de protección por sus enfermedades.

A pesar de ser tan solo una niña, Chabelita demostró que los actos de bondad y generosidad no es cuestión de edades / Foto: Cortesía / Familia Herandez Ruiz

“Cuando íbamos a Teletón me tocó acompañarla y convivir con ella en sus terapias, y me decía que le iba a echar muchas ganas para que pudiera manejar su silla con más fuerza y ya no le costara tanto. En ese momento, entendí que a pesar de que era una niña, era consciente de su situación. Le decía que tuviera ánimo. A pesar de que no podía caminar, ella era muy inteligente y podía hacer muchas cosas más”, comenta Carla.

María del Rocío Flores Rodríguez, su madrina, destaca la alegría y valentía de Chabelita. “Ella siempre tenía una sonrisa”, dice emocionada. “Su última voluntad fue un acto de valentía y amor que no olvidaremos. Chavelita permanecerá en nuestros corazones como un ejemplo de coraje y compasión.”

Chabelita, a través de su decisión altruista, ha tocado muchas vidas y sigue siendo una inspiración para su comunidad. Su historia recuerda la importancia de considerar la donación de órganos como un gesto que trasciende la vida individual para dar esperanza a otros.

Chabelita, como cariñosamente la conocen sus familiares y seres queridos, tomó una de las más difíciles decisiones en su vida: donar sus órganos para salvar otras vidas.

En medio de su lucha contra problemas cerebrales y una discapacidad motriz, Isabel Hernández Ruiz, quien había cumplido 13 años, mostró desde temprana edad un interés por la donación de órganos.

“Mi nena era un ángel”, recuerda su padre, Carlos Hernández Cruz, quien junto a la mamá, Carmen Gannet Ruiz Runo, y la hermana de la pequeña, Carla Patricia Hernández Ruiz señalan que ella siempre dijo que quería donar sus órganos.

En entrevista exclusiva para Diario del Sur, la familia describe a Chavelita como alguien alegre y carismática desde niña. A pesar de sus desafíos de salud mantuvo su decisión inquebrantable: donar sus riñones, córneas y tejidos.

Chabelita nació con hidrocefalia mielomeningocele, que es la acumulación de líquido en el cerebro. Cuando su madre estaba embarazada de ella, le dijeron que traía ese problema, por lo que se lo comunicó inmediatamente a su esposo, quien le respondió:


“déjala, como Dios nos las mande, la vamos a amar, la vamos a criar”.

Nació en el Hospital Regional y de ahí la trasladaron al Seguro Social, dónde la operó el doctor Velázquez, pues su hidrocefalia ya estaba muy avanzada.

Desde pequeña siempre fue alegre y mostró su interés por la donación de órganos. Viendo la tele en su casa, con su familia, escuchó que su cuñada se iba a inscribir para donar órganos, lo que despertó su curiosidad.

Chabelita será recordada por sus familiares y amigos como una niña carismática y alegre / Foto: Cortesía / Familia Hernández Ruiz

-Mami, ¿y cómo es eso?, le preguntó Chabelita, por lo que le comenzó a explicar a su manera.

-Mami, ¿te digo algo? Si algún día, cuando yo esté viejita y me muera, regalas lo que me sirva- le comentó a su madre.

“Yo sentí muy bonito, porque a pesar de que estaba pequeña, aún con su problemita de hidrocefalia, ella captaba cosas. Volteé a ver a mi nuera y le digo: ya ves, parece que la nena no entendiera, pero bien que nos entiende”, narra doña Carmen.

Le realizaron una tomografía y el doctor dijo que todo estaba bien, pero a la semana comenzó con un dolor de cabeza. Le hicieron otra tomografía y no le hallaron problema. Un nuevo dolor hizo que se desmayara y tuvieran que internarla.

“Ella al principio dijo que quería donar sus órganos. Yo, de padre, no me oponía porque yo pensaba lo mismo, si hay que salvar o alguien necesita los órganos, pues estábamos dispuestos a donar”, menciona don Carlos.

Su papá no vivía con ellos desde hace años, trabajaba en Monterrey, lo cual no le impedía estar en contacto con su hija.

“Ya se nos estaba yendo, había tenido un derrame cerebral e iba a caer en coma, ya no iba a resistir, ya era lo último. Cada vez que yo hablaba con ella, le preguntaba cómo se sentía. Le decía: mija, cuando tú decidas, agarro el avión y yo estoy ahí contigo. Estoy a la orden que me digas y yo me pongo para allá”, asegura.

“Para mí fue un ángel, para mí es una vida de experiencia, lo puedo decir así. Traía un don especial. Quiero decirle a la población, muchos no creen en la donación de órganos. A veces los padres somos egoístas, no pensamos en la sociedad”, menciona.

Llamó a tomar conciencia y a participar en la donación, hacerlo de corazón y no por un fondo monetario.

“Yo lo di de corazón, lo dimos, con mi esposa, lo dimos de corazón. Lo hicimos con transparencia”, asegura.

“Yo me siento bien. Estoy triste, sí, pero a la vez estoy feliz porque mi hija está salvando, salvó vidas. Y yo hice su última voluntad. Me siento bien, porque yo sé que mi nena en algún lado va a estar”, afirma orgullosamente su madre.

Su hermana mayor, Carla Patricia, la recuerda como una verdadera heroína. “Chabelita entendía lo que significaba donar órganos para salvar vidas. Ella dejó un legado de amor y esperanza que inspira a todos nosotros a considerar la donación como un acto de solidaridad y generosidad.”

Eran tres hermanos: Chabelita, Mauricio y Carla. La convivencia con ella era de protección por sus enfermedades.

A pesar de ser tan solo una niña, Chabelita demostró que los actos de bondad y generosidad no es cuestión de edades / Foto: Cortesía / Familia Herandez Ruiz

“Cuando íbamos a Teletón me tocó acompañarla y convivir con ella en sus terapias, y me decía que le iba a echar muchas ganas para que pudiera manejar su silla con más fuerza y ya no le costara tanto. En ese momento, entendí que a pesar de que era una niña, era consciente de su situación. Le decía que tuviera ánimo. A pesar de que no podía caminar, ella era muy inteligente y podía hacer muchas cosas más”, comenta Carla.

María del Rocío Flores Rodríguez, su madrina, destaca la alegría y valentía de Chabelita. “Ella siempre tenía una sonrisa”, dice emocionada. “Su última voluntad fue un acto de valentía y amor que no olvidaremos. Chavelita permanecerá en nuestros corazones como un ejemplo de coraje y compasión.”

Chabelita, a través de su decisión altruista, ha tocado muchas vidas y sigue siendo una inspiración para su comunidad. Su historia recuerda la importancia de considerar la donación de órganos como un gesto que trasciende la vida individual para dar esperanza a otros.

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