/ domingo 3 de septiembre de 2023

Sabah Jerges José Daddah es árabe, su historia, la mejor mezcla

Quien lee el Corán, es el hombre más bueno y es el que sabe más y lo enseña. El mismo que incita a un musulmán a aprender el Corán, y le advierte al hombre, que quien no sabe nada sobre el Corán en su memoria, es como una casa en ruinas. (El profeta Mahoma)

Nació en la antigua Babilonia, la ciudad más antigua e histórica de Mesopotamia. A Bagdad, Irak, llegó el 19 de noviembre de 1939, abrazado del amor de sus hermanos Adel, Salima y Abdelahaj, todos con el sello José, como se acostumbra en esos países en honor al progenitor.

Una historia con el mejor café


Llegó a este mundo sin saber que un día emigraría. La muerte de su padre Jerges José Akrawi cuando tenía 10 años y a los 12 años, la de su madre Martha Daddag de José; la guerra y la orfandad, le impide continuar en su ciudad natal.

Se trata de Sabah Jerges José Daddad, quien fue rescatado junto con su hermano Adel, por el tío Tobías José, hermano de su padre, que ya radicaba en Chiapas.

Tobías José era un poderoso cafetalero, un próspero comerciante asentado en Motozintla y Tapachula que decidió salvar a sus sobrinos, y traerlos a América.

En ese viaje por vía marítima hasta Ámsterdam, dejaba en Irak a su hermana Salima y a su hermano Abdelahaj.

El éxodo continuó después, en un vuelo de Ámsterdam a Nueva York, de ahí a ciudad de México y un mes después, llegan a Tapachula.

Con precisión a sus 84 años, Sabah cuenta de su llegada a un mundo desconocido, lo único que sabía es que, en América la historia sería mejor.

-Éramos una familia grande, unos se fueron a Ixtepec Oaxaca, y otros en Motozintla- confiesa Sabah, en exclusiva para Diario del Sur.

Sabah Jerges José llega a Tapachula en abril de 1960, tenía 21 años, no hablaba una sola palabra de español, así que el aprendizaje y los deseos de incorporarse a su nuevo mundo, era urgente.

Era el Tapachula de los años sesenta, cuando la agricultura estaba en bonanza y el café, era el grano que marcaba la economía de la región.

En Tapachula fueron recibidos por familiares y desde luego por su tío protector Don Tobías y Rosita de José.

A partir de ese momento comenzó hacer lo único que sabía hacer; trabajar. Solo entre los árabes existe esa unión grandiosa de ayudar al paisano, darle de comer y protegerlo, pero sobre todo cuidarlo.

Eso hizo el tío Tobías José, ayudar a sus sobrinos Sabah y Adel, quienes llegaron en la caravana proveniente de medio oriente.

Sabah cuenta que su tío tenía un restaurante en la esquina de la 4ª norte y 3ª poniente, “restaurante Rosita”, en honor a su esposa.

Después, ingresó a la finca San Luis Nexapa, propiedad de su tío protector, en donde se estableció por 8 años. Ahí aprendió lo generoso del cultivo, la tapisca y por supuesto, el proceso maravilloso para conseguir del grano la aromática bebida.


Nació en la antigua Babilonia, la ciudad más antigua e histórica de Mesopotamia/Foto: Carlos Morán | Diario del Sur


Sabah, es un hombre inteligente que aprendió el idioma, sobre todo, las matemáticas, se instruyó además del cultivo, en la compra y venta y, finalmente, se independiza y se inicia en este negocio generoso del café.

Como buen árabe, con cerebro de fenicio, logró escribir una nueva historia en esta tierra, gracias a que, en Irak, estudio la primaria, secundaria y el bachillerato.

Su imperio e historia está llena de trabajo, esfuerzo y desde luego, el amor de una mujer, a quien conoce en el Triunfo, Chiapas; sitio al que iba a comprar café, ahí el destino le pone enfrente a Ana Vera Rincón (Anita).

En aquellos años, nadie hubiera apostado dos pesos porque aquel romance triunfara, pues los descalificativos por celos sobraron.

Ninguno de los dos, ni Sabah ni Anita, hablan si fue amor a primera vista o si uno necesitaba del otro, lo único cierto, es que, desde hace más de 50 años, no se han separado un solo día.

En la entrevista, Anita, su esposa, nos auxilia a recopilar lo de hoy y narra orgullosa, vanidosa:

-Nunca, me ha dejado un solo día, Sabah, es un hombre fiel, leal, solo para mí- me dice Anita, y los ojos se le llenan de lágrimas.

Sabah, a pesar de haber nacido en cuna musulmán, dio muestras que el amor verdadero es el amor leal, y así lo ha demostrado a través de los años.

Se trata de toda una vida juntos en la que han bebido miles de tazas de café, han compartido momentos sagrados y enfrentado aquel proceso, cuando por error, del 29 de septiembre de 1998 al 28 de septiembre del siguiente año, las autoridades ponen en pausa su libertad.

Su nombre y apellidos lo llevan a prisión, y durante un año, lucharon hasta demostrar que, Sabah Jerges José Daddah, es un hombre honesto, íntegro.

Sabah y Anita se casaron el 31 de mayo de 1977. A partir de ese día obtuvo la nacionalidad y los derechos de un ciudadano mexicano, y no se equivocó al elegir a su compañera de vida.

Anita aprendió el arte y la cultura de la cocina árabe, se instruyó en las finas costumbres y cambió también su historia.

Con Mauro Calvo, Sabah Jerges, se asoció y juntos trabajaron la finca “Vega del Carmen”. Siempre ha sido el café, ese grano, ese negocio tan sofisticado en donde nuestro estelar de hoy, consigue la mezcla perfecta y le da su sello propio.

La historia de Sabah Jerges José, es autentica, es la vida de un hombre que un día emigró a estas tierras, perfeccionó su mezcla y al lado de Anita Vera, fundó además una familia.

Compró toneladas de café, que tostó, combinó y vendió, hasta convertirse en el rey de este aromático grano. Los años han pasado y hoy, el café que ofrece el famoso “turco”, apodo que con cariño le llaman sus clientes, sin duda alguna es el mejor en el mercado.

Los otros dirán que no es así, porque este grano es tan celoso que nadie acepta que haya uno mejor que el suyo. Hoy, él simplemente, ofrece su mezcla, la que, de boca en boca, mantiene prestigio y fama de ser el mejor…

Al lado de Anita tiene una familia con dos hijos Jorge y Martha, complementada por sus nietos Karina, Samira, Martha Daniela, yamil y Nayib.

50 años vendiendo café, su mezcla autentica, un viaje a un destino incierto y la suerte de bendita por Allah y el milagro del profeta Mahoma.

Hace 25 años viajó a Europa y cuenta emocionado que -Llevaba dólares suficientes, estaba a dos horas de volver a mi tierra, pero la guerra entre Irán e Irak, me detuvo-.

Sabah Jerges José, sueña con el río Tigris, con regresar a la mezquita, volver a la tierra de sus padres, ver a sus sobrinos, sueña y sueña, pero no pierde de vista que, en esta tierra, se convirtió en profeta. Ha sido feliz y hoy disfruta el recuento de los años y los años que le restan por vivir.

63 años viviendo entre el café, su mezcla perfecta, un viaje a un destino incierto, la suerte bendita de Allah y el milagro del profeta Mahoma, hicieron de Sabaj Jerges José Daddah, un hombre agradecido y paisano musulmán, convertido en fiel guadalupano.

Comentarios: morancarlos.escobar1958@gmail.com

Quien lee el Corán, es el hombre más bueno y es el que sabe más y lo enseña. El mismo que incita a un musulmán a aprender el Corán, y le advierte al hombre, que quien no sabe nada sobre el Corán en su memoria, es como una casa en ruinas. (El profeta Mahoma)

Nació en la antigua Babilonia, la ciudad más antigua e histórica de Mesopotamia. A Bagdad, Irak, llegó el 19 de noviembre de 1939, abrazado del amor de sus hermanos Adel, Salima y Abdelahaj, todos con el sello José, como se acostumbra en esos países en honor al progenitor.

Una historia con el mejor café


Llegó a este mundo sin saber que un día emigraría. La muerte de su padre Jerges José Akrawi cuando tenía 10 años y a los 12 años, la de su madre Martha Daddag de José; la guerra y la orfandad, le impide continuar en su ciudad natal.

Se trata de Sabah Jerges José Daddad, quien fue rescatado junto con su hermano Adel, por el tío Tobías José, hermano de su padre, que ya radicaba en Chiapas.

Tobías José era un poderoso cafetalero, un próspero comerciante asentado en Motozintla y Tapachula que decidió salvar a sus sobrinos, y traerlos a América.

En ese viaje por vía marítima hasta Ámsterdam, dejaba en Irak a su hermana Salima y a su hermano Abdelahaj.

El éxodo continuó después, en un vuelo de Ámsterdam a Nueva York, de ahí a ciudad de México y un mes después, llegan a Tapachula.

Con precisión a sus 84 años, Sabah cuenta de su llegada a un mundo desconocido, lo único que sabía es que, en América la historia sería mejor.

-Éramos una familia grande, unos se fueron a Ixtepec Oaxaca, y otros en Motozintla- confiesa Sabah, en exclusiva para Diario del Sur.

Sabah Jerges José llega a Tapachula en abril de 1960, tenía 21 años, no hablaba una sola palabra de español, así que el aprendizaje y los deseos de incorporarse a su nuevo mundo, era urgente.

Era el Tapachula de los años sesenta, cuando la agricultura estaba en bonanza y el café, era el grano que marcaba la economía de la región.

En Tapachula fueron recibidos por familiares y desde luego por su tío protector Don Tobías y Rosita de José.

A partir de ese momento comenzó hacer lo único que sabía hacer; trabajar. Solo entre los árabes existe esa unión grandiosa de ayudar al paisano, darle de comer y protegerlo, pero sobre todo cuidarlo.

Eso hizo el tío Tobías José, ayudar a sus sobrinos Sabah y Adel, quienes llegaron en la caravana proveniente de medio oriente.

Sabah cuenta que su tío tenía un restaurante en la esquina de la 4ª norte y 3ª poniente, “restaurante Rosita”, en honor a su esposa.

Después, ingresó a la finca San Luis Nexapa, propiedad de su tío protector, en donde se estableció por 8 años. Ahí aprendió lo generoso del cultivo, la tapisca y por supuesto, el proceso maravilloso para conseguir del grano la aromática bebida.


Nació en la antigua Babilonia, la ciudad más antigua e histórica de Mesopotamia/Foto: Carlos Morán | Diario del Sur


Sabah, es un hombre inteligente que aprendió el idioma, sobre todo, las matemáticas, se instruyó además del cultivo, en la compra y venta y, finalmente, se independiza y se inicia en este negocio generoso del café.

Como buen árabe, con cerebro de fenicio, logró escribir una nueva historia en esta tierra, gracias a que, en Irak, estudio la primaria, secundaria y el bachillerato.

Su imperio e historia está llena de trabajo, esfuerzo y desde luego, el amor de una mujer, a quien conoce en el Triunfo, Chiapas; sitio al que iba a comprar café, ahí el destino le pone enfrente a Ana Vera Rincón (Anita).

En aquellos años, nadie hubiera apostado dos pesos porque aquel romance triunfara, pues los descalificativos por celos sobraron.

Ninguno de los dos, ni Sabah ni Anita, hablan si fue amor a primera vista o si uno necesitaba del otro, lo único cierto, es que, desde hace más de 50 años, no se han separado un solo día.

En la entrevista, Anita, su esposa, nos auxilia a recopilar lo de hoy y narra orgullosa, vanidosa:

-Nunca, me ha dejado un solo día, Sabah, es un hombre fiel, leal, solo para mí- me dice Anita, y los ojos se le llenan de lágrimas.

Sabah, a pesar de haber nacido en cuna musulmán, dio muestras que el amor verdadero es el amor leal, y así lo ha demostrado a través de los años.

Se trata de toda una vida juntos en la que han bebido miles de tazas de café, han compartido momentos sagrados y enfrentado aquel proceso, cuando por error, del 29 de septiembre de 1998 al 28 de septiembre del siguiente año, las autoridades ponen en pausa su libertad.

Su nombre y apellidos lo llevan a prisión, y durante un año, lucharon hasta demostrar que, Sabah Jerges José Daddah, es un hombre honesto, íntegro.

Sabah y Anita se casaron el 31 de mayo de 1977. A partir de ese día obtuvo la nacionalidad y los derechos de un ciudadano mexicano, y no se equivocó al elegir a su compañera de vida.

Anita aprendió el arte y la cultura de la cocina árabe, se instruyó en las finas costumbres y cambió también su historia.

Con Mauro Calvo, Sabah Jerges, se asoció y juntos trabajaron la finca “Vega del Carmen”. Siempre ha sido el café, ese grano, ese negocio tan sofisticado en donde nuestro estelar de hoy, consigue la mezcla perfecta y le da su sello propio.

La historia de Sabah Jerges José, es autentica, es la vida de un hombre que un día emigró a estas tierras, perfeccionó su mezcla y al lado de Anita Vera, fundó además una familia.

Compró toneladas de café, que tostó, combinó y vendió, hasta convertirse en el rey de este aromático grano. Los años han pasado y hoy, el café que ofrece el famoso “turco”, apodo que con cariño le llaman sus clientes, sin duda alguna es el mejor en el mercado.

Los otros dirán que no es así, porque este grano es tan celoso que nadie acepta que haya uno mejor que el suyo. Hoy, él simplemente, ofrece su mezcla, la que, de boca en boca, mantiene prestigio y fama de ser el mejor…

Al lado de Anita tiene una familia con dos hijos Jorge y Martha, complementada por sus nietos Karina, Samira, Martha Daniela, yamil y Nayib.

50 años vendiendo café, su mezcla autentica, un viaje a un destino incierto y la suerte de bendita por Allah y el milagro del profeta Mahoma.

Hace 25 años viajó a Europa y cuenta emocionado que -Llevaba dólares suficientes, estaba a dos horas de volver a mi tierra, pero la guerra entre Irán e Irak, me detuvo-.

Sabah Jerges José, sueña con el río Tigris, con regresar a la mezquita, volver a la tierra de sus padres, ver a sus sobrinos, sueña y sueña, pero no pierde de vista que, en esta tierra, se convirtió en profeta. Ha sido feliz y hoy disfruta el recuento de los años y los años que le restan por vivir.

63 años viviendo entre el café, su mezcla perfecta, un viaje a un destino incierto, la suerte bendita de Allah y el milagro del profeta Mahoma, hicieron de Sabaj Jerges José Daddah, un hombre agradecido y paisano musulmán, convertido en fiel guadalupano.

Comentarios: morancarlos.escobar1958@gmail.com

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